Nota de práctica · 11 de octubre de 2026
Cómo preparar el asiento para meditar
Necesitas muy poco: algo firme sobre lo que sentarte y una forma de mantener la espalda recta sin tensión. Casi todo el dolor que sufren los principiantes viene de cómo se sientan, no de la práctica. Merece la pena dedicarle diez minutos.
Como esterilla sirve cualquier tela —una sábana o una manta— doblada en dos. Una esterilla de yoga doblada en dos hace lo mismo. Yo uso las dos, según el día. Si estás empezando, ayuda un cojín fino y firme, y puedes poner dos pequeños bajo las rodillas.
Esa es toda la lista. Los tapones para los oídos son opcionales, y yo solo los uso a veces: cuando hay mucho ruido de verdad o mucho movimiento y estrés a mi alrededor. La meditación consiste sobre todo en aceptar lo que ocurre, así que silenciar el mundo es una ayuda, no la norma. También puedes ponértelos a medias: sigues oyendo lo que pasa, pero más suave.
En los cursos he visto a gente rodearse de cojines como si fueran reyes: bajo las rodillas, bajo el trasero, por todas partes. Al final el cuerpo no toca nada firme. Es como si meditaran flotando en el aire. No hay apoyo, y sin apoyo tampoco hay apenas sensaciones.
Necesitas ese contacto para sentir el cuerpo. Aunque ahora la práctica sea solo concentración en la respiración, más adelante será importante. Mejor cinco minutos sobre algo firme que una hora sobre un montón de cojines. Sentarse en blando es un hábito de comodidad, y al final uno acaba sentado sobre sus hábitos.
Cualquiera de estas opciones vale:
- Con las piernas cruzadas sobre una esterilla doblada o un cojín firme: el punto de partida habitual.
- Medio loto, un pie sobre el muslo contrario; loto completo si de verdad te funciona.
- De rodillas, sobre los talones o sobre un banquito, con un cojín para estar cómodo.
- Una silla, con la espalda recta y los pies en el suelo, si el suelo no es posible.
Pruébalas y quédate con la que de verdad puedas mantener. Sentarse en una silla está perfectamente bien. Lo único que no sirve es una postura en la que no aguantas ni cinco minutos.
Después de mi primer curso empecé a usar una tela —una manta fina o una sábana— sobre las piernas. Funciona sorprendentemente bien. Cuando envuelvo las piernas sentado en medio loto, funciona como un cerrojo: no me muevo y sigo practicando. Lo sigo haciendo.
Todavía mejor es una tela más larga, echada por encima de los hombros hasta los pies, como un capullo. Te ayuda a recogerte hacia dentro y además te protege de los mosquitos y las hormigas, algo más práctico de lo que parece.
Siéntate sobre los isquiones y deja que el peso del cuerpo descanse ahí, para que la presión y el esfuerzo vayan a las caderas y la pelvis en lugar de a las piernas. Este es el detalle más fino de todo: encontrar una posición que puedas mantener toda la sesión sin moverte lo más mínimo.
Es fácil ir escurriéndose, y entonces la presión se va a las piernas y el final de la sesión se hace mucho más duro. Quieto sobre los isquiones y sobre una superficie firme hay menos dolor, y poco a poco se forma el hábito.
Dos avisos. En medio loto, alterna la pierna que va encima de una sesión a otra; notarás que un lado se carga más. Y ten cuidado con el loto completo. Yo pasé por la fase de decidir que aguantaría una hora en loto pasara lo que pasara, y siempre acababa en un paso atrás. Eso no es progreso.
Mantén una sola posición durante toda la sesión y no la cambies. Cada movimiento vuelve la mente más burda: comparado con la finura de la respiración, es un gesto demasiado grueso. Cuanto menos te mueves, más fina se vuelve la atención y más cosas nota en la respiración.
Si te encorvas — hacia delante, hacia un lado —, nótalo y vuelve despacio a la espalda recta. Despacio, para no descolocar a la mente de lo que estaba haciendo. Y relajado: espalda recta no quiere decir espalda rígida.
Lo demás son detalles, y los detalles ayudan. Los ojos cerrados y quietos, sin parpadear si puedes evitarlo. La lengua recogida contra el paladar, la punta en los dientes de arriba, la mandíbula suelta. Y si la habitación está oscura, una luz tenue: te mantiene despierto mejor que la determinación.
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