Nota de práctica · 20 de septiembre de 2026
Treinta días en la respiración, y cómo son
Ānāpānasati desarrolla la concentración, y sin concentración no hay con qué observar. En un curso de diez días la respiración recibe tres días: tres días de diez horas, en silencio y sin nada más que hacer, es decir, casi treinta horas. En casa, en sesiones de quince minutos, esas mismas horas se reúnen en un mes. Esa es toda la razón; lo demás es cómo se vive ese mes.
Dónde se observa la respiración
La atención descansa donde la respiración se siente con más claridad: el borde de las fosas nasales o la pequeña zona entre las fosas y el labio superior. No el vientre. Se enseñan ambos, pero un objetivo pequeño afila la atención más rápido que uno grande, y el vientre sirve sobre todo para saber si la respiración es larga o corta. Si al principio no sientes nada en las fosas, es normal: mantén la atención en la zona y la sensibilidad se desarrolla.
Ni contar ni controlar
La tarea es reconocer, no contar: si esta respiración es larga o corta, densa o sutil. La duración depende del estado del cuerpo y de la mente: se alarga con la calma y se acorta con el cansancio, la agitación, el miedo o el dolor. No corrijas nada. Estás aprendiendo a observar la respiración, no a dirigirla, y eso es lo que separa ānāpānasati del prāṇāyāma. Hay una excepción si la mente va muy acelerada: unas cuantas respiraciones profundas, o una pausa de un par de segundos, y luego deja que la respiración vuelva a ser natural.
Sensaciones: acéptalas, no las sigas
Calor, hormigueo, entumecimiento: llegan siempre que un cuerpo se queda quieto. En estos treinta días no trabajas con ellas; la atención se queda en la respiración. Observar la sensación por todo el cuerpo es Vipassana propiamente dicha, y llega cuando hay una mente concentrada con la que observar.
Cómo sentarte
El cojín, más fino y firme de lo que parecería cómodo; una esterilla doblada sirve igual, y una silla también está bien. Tapones para los oídos si hay ruido. Una tela sobre las piernas —yo la sigo usando— porque ayuda a quedarte quieto. El estómago medio vacío: una o dos horas después de comer, o mejor aún a primera hora de la mañana, antes del desayuno, con un poco de agua caliente. Cambia la pierna que va delante entre una sesión y otra. Decide antes cuánto vas a sentarte y no cambies de postura antes de tiempo.
Los pensamientos
Los pensamientos vienen. Acéptalos, no entres en su detalle, no los pienses hasta el final, y sigue observando la respiración natural. Notar que la atención se ha ido no es un fallo de la práctica: es la práctica.
Cuándo estás listo para el trabajo con el cuerpo
No necesitas una mente perfecta para empezar la Parte 3. Basta con que puedas quedarte con la respiración varios minutos seguidos, que notes pronto cuando te has ido y que sientas la respiración en la nariz sin tener que buscarla. Si después de treinta días eso todavía te pasa poco, sigue trabajando con la respiración. No pierdes nada: este es justo el paso que se saltan casi todos los que aprenden por su cuenta, y por eso su recorrido por el cuerpo se queda en la superficie.
La Parte 2 —veinticinco días de Ānāpānasati— se está preparando. Mientras tanto, vuelve a hacer la Parte 1: la segunda vuelta afianza el hábito que empezaste en la primera.
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