Nota de práctica · 19 de octubre de 2026
Saber si el aire pasa por la fosa izquierda, la derecha o las dos
En el undécimo día de la práctica de la respiración la instrucción gana un detalle: saber por qué fosa nasal pasa el aire. Izquierda, derecha o ambas. No se añade nada a la respiración: solo a lo que sabes de ella.
Siéntate como siempre. La atención va bajo las fosas nasales, sobre el labio superior. La respiración sigue natural: no la profundizas, no la ralentizas, no la equilibras. Luego, con cada respiración, conoce su camino.
- Si el aire entra por la fosa izquierda, sabe que la respiración pasa por la fosa izquierda.
- Si entra por la derecha, sabe que pasa por la derecha.
- Si entra por ambas, sabe que pasa por ambas.
- Lo mismo al salir: izquierda, derecha o ambas.
Eso es todo. Sin contar, sin cerrar un lado con el dedo, sin intentar igualar los dos lados.
Hacia la segunda semana la mayoría ya no pelea con la práctica, pero ahora, sin darse cuenta, se deja llevar dentro de ella: la sesión pasa, la respiración queda de fondo y la mente está en otra parte. Fijarte en por dónde pasa el aire le da a la atención una tarea precisa sin añadir un segundo objeto.
Sigues trabajando con un solo objeto: la respiración a la entrada de la nariz. Qué lado predomina es parte de conocer esa misma respiración, no algo nuevo que vigilar. Aprender a mantener la atención en un solo objeto: esa es toda la tarea de estas semanas.
La fosa dominante cambia a lo largo del día, y puede cambiar dentro de una misma sesión. A veces ambas están abiertas y el aire se reparte por igual. A veces un lado está casi cerrado y apenas notas si ahí se mueve algo.
No busques un significado ni intentes cambiarlo. Simplemente tomas nota de lo que ocurre, como un testigo; el cuerpo se gestiona solo.
Al inspirar, siente toda la profundidad de la respiración. Al espirar, también. Fíjate en cuánto dura la inspiración y cuánto la espiración, y en lo profunda que es cada una. Así se desarrolla la concentración: observando la respiración con atención, no haciendo esfuerzo sobre ella.
Mantén la postura todo el tiempo. Espalda recta, pecho un poco adelante, el peso apoyado en las caderas y no en las piernas. No deformes la respiración; tómala tal como se presenta en este momento.
A veces la respiración simplemente se detiene. La pausa llega sola, sin que retengas nada. Acéptala y tenla presente: la respiración se ha detenido un momento; voy a observar cuánto dura la pausa.
No pasa nada: la respiración volverá sola. Quedarte en la pausa sin ir a buscar la siguiente respiración es justo donde se entrenan la paciencia y la firmeza.
No sigas la respiración hacia el interior del cuerpo, ni hacia fuera, hacia la habitación. Así la concentración no se desarrolla. Quédate justo a la entrada de las fosas nasales.
Si la mente se va a algo fuera de esa zona —un pulso, un picor, un hormigueo, un entumecimiento, un dolor—, no te involucres y no lo persigas. Anótalo con sencillez: hay entumecimiento, hay picor. Y vuelve la atención a la respiración, sabiendo cómo entra y cómo sale.
Al terminar la sesión, agradécete el tiempo y el esfuerzo. Luego, durante el día, sigue notando la respiración cada vez más a menudo. Así se construye el recuerdo de la respiración, y no solo sobre el cojín.
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